La habitación era demasiado perfecta para sentirse real.
Aurora cerró la puerta despacio, apoyando la espalda contra la madera como si necesitara ese contacto para no desmoronarse. Sus ojos recorrieron el lugar con lentitud: la cama amplia, las sábanas impecables, las cortinas que caían con elegancia, los detalles pensados para una vida cómoda… una vida que no era suya.
Nada de eso le pertenecía.
Nada de eso la hacía sentir en casa.
Avanzó unos pasos, y cada uno le pesó más que el anterior, como