Aurora despertó con una sensación extraña, una calidez que no reconocía, un peso firme y tranquilizador a su espalda. Durante unos segundos no se movió. No quiso hacerlo. Porque por primera vez en mucho tiempo… no sentía miedo.
Al contrario.
Se sentía… protegida.
Cerró los ojos de nuevo, dejándose envolver por esa cercanía inesperada, por ese calor que no exigía nada, que no dolía. Su respiración se acompasó con la de la persona a su lado, lenta, profunda, constante.
Y entonces lo entendió.
No