El estruendo del disparo fue un trueno seco que desgarró la bruma de la madrugada, un sonido definitivo que pareció detener el tiempo en los alrededores de la villa. Aurora, que apenas se había alejado unos metros bajo la custodia de Marcos, sintió que el corazón se le detenía.
Sin pensarlo, ignorando las órdenes de seguridad y el agarre del escolta, se soltó con un movimiento brusco y corrió de regreso hacia el lugar del enfrentamiento.
Su mente era un torbellino de pánico; el miedo a perder a