La madrugada se deslizó con suavidad dentro de la habitación, como si el tiempo hubiera decidido caminar en puntas de pie para no interrumpir aquel descanso tan merecido. La ciudad aún dormía, ajena a todo, mientras en ese espacio íntimo el mundo parecía suspendido en una calma profunda, casi sagrada. El aire conservaba el calor de la noche, pero también traía consigo una quietud distinta, más limpia, como si algo estuviera a punto de sanar.
Valentina dormía acurrucada contra Alejandro, con la m