Valentina salió de la mansión Echeverry sin mirar atrás. El eco de los gritos quedó flotando en el aire mientras bajaba las escaleras con paso firme. No quería pensar en Alejandro ni en Héctor ni en ese testamento que ahora la ataba otra vez a Colombia. Solo quería irse.
Cuando llegó al edificio de Cristina ya era de noche. Las luces del pasillo estaban encendidas y el silencio del lugar le dio un respiro corto. Sacó las llaves de su bolso y caminó hacia la puerta del apartamento intentando orde