Cinco años después…
El sol de la tarde en Vancouver teñía el cielo de un naranja vibrante, pero para Valentina, la verdadera luz estaba concentrada en la pequeña figura que corría hacia ella por el sendero del jardín infantil.
Nahla, con sus cuatro años recién cumplidos, era un torbellino de energía pura. Sus rizos castaños saltaban con cada paso y sus ojos, de un azul tan profundo y cristalino que a Valentina a veces le cortaban la respiración, brillaban con una alegría contagiosa. Eran los ojo