Valentina abrió los ojos con un quejido. La cabeza le daba vueltas y el cuerpo le pesaba como si hubiera corrido durante horas. Tardó unos segundos en entender dónde estaba.
El techo de la oficina daba vueltas. Al enfocar la vista, el pánico le oprimió el pecho: Héctor estaba allí, sentado a su lado en el sofá, observándola con una tranquilidad que le revolvió el estómago. Tenía la camisa desabrochada y una expresión de triunfo que la hizo reaccionar por puro instinto.
Héctor no se inmutó. Se li