El cuerpo de Leónidas quedó inmóvil sobre el suelo. Durante un segundo nadie reaccionó. Sandra lo miraba con los ojos abiertos, todavía agitada por todo lo que había dicho. Héctor también se quedó quieto, como si no entendiera lo que acababa de pasar. Fue Georgina quien gritó primero.
—¡Leónidas! —gritó ella, cayendo de rodillas a su lado—. ¡Respóndeme!
Intentó moverlo, pero el hombre no reaccionaba. Su rostro estaba pálido y su respiración era irregular. Georgina levantó la cabeza desesperada.