Valentina llegó al hospital con paso rápido. Los guardaespaldas se quedaron detrás mientras ella avanzaba por el pasillo iluminado. Una enfermera le indicó la habitación sin hacer preguntas. Cuando abrió la puerta, el corazón le dio un vuelco. Clarisa estaba en la cama, llena de moretones. Tenía el labio roto y un ojo hinchado. Por un momento, Valentina solo la miró en silencio. Luego habló, con voz dura.
—¿Quién te hizo eso?
Clarisa levantó la vista con dificultad. No esperaba verla allí. Dur