La mañana llegó con el aroma del café recién hecho y el sonido de la risa de Julián llenando el comedor.
Valentina servía el jugo cuando notó que el niño no dejaba de mirar a su padre y luego a ella, con una sonrisa traviesa.
—¿Qué pasa, campeón? —preguntó Maximiliano divertido.
Julián apoyó los codos sobre la mesa.
—Papá… ¿ya estás enamorado de mamá Vale?
El cubierto de Valentina chocó contra el plato. Sintió el calor subirle al rostro.
—Julián… —murmuró, incómoda.
Vicente soltó una carcajada.