William llegó al mismo lugar donde la había visto antes. De día, el sector industrial perdía todo misterio y se convertía en lo que realmente era: un conjunto de galpones viejos, paredes descascaradas y camiones que iban y venían levantando polvo. No había nada dramático en el paisaje, y sin embargo la situación lo era todo.
Caminó desde donde dejó el auto hasta el punto de encuentro con esa clase de calma que no viene de estar tranquilo, sino de haber aprendido a no mostrar lo que uno siente.
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