POV Bruno
No había pegado ojo en dos días. Mi cuerpo funcionaba a base de café negro y rabia pura, caminando por los pasillos del hospital improvisado como un fantasma con sed de venganza. Cada pitido de las máquinas que mantenían a Ángela con vida era un recordatorio cruel: ella seguía luchando, pero ¿por cuánto tiempo? Me detenía en la puerta de su habitación, mirando su figura pálida, inerte, conectada a tubos que serpenteaban como venas artificiales. Su pecho subía y bajaba mecánicamente, e