Capítulo 65 — PARTE DOS.
Gisel abrió los ojos, mirando a su hermana menor, viendo compasión ahí que no merecía.
—Está bien admitirlo, Gisel. Nadie te juzgará.
—Yo me juzgo. —Gisel tiró su mano lejos—. Me juzgo cada segundo de cada día por sentir algo excepto odio puro por el hombre que me violó. Que me drogó. Que me secuestró. Que destruyó mi vida.
—Pero no es odio puro lo que sientes, ¿verdad?
Gisel quiso mentir. Dios, quiso mentir tanto. Pero Sofía era su hermana. Y si no podía ser honesta con ella, no podía ser hone