Capítulo 46.
POV Ángela
Al abrir los ojos, el mundo era demasiado blanco.
Un blanco cegador, aséptico, que me dolía en las pupilas como si me hubieran arrancado los párpados. El olor a desinfectante me golpeó primero, luego el pitido constante de los monitores, después el peso extraño de mi propio cuerpo: débil, ajeno, como si me hubieran devuelto a la vida en un envoltorio prestado.
Intenté mover la mano. Apenas un temblor. Los músculos no obedecían. Sentía cables pegados a la piel, agujas clavadas en las