POV ÁNGELA.
Dos semanas. Dos putas semanas de silencio que me carcomían viva. Después de quemar sus fábricas, esperaba represalias: balas, bombas, algo que me dijera que la Viuda aún respiraba. Pero nada. Solo vacío. Y el vacío, en nuestro mundo, era peor-que cualquier tiroteo. Era el silencio de una serpiente antes de morder. Me despertaba sudando frío, con la mano en el vientre, sintiendo a mis hijas patear como si ellas también olieran la tormenta. En la isla, el sol brillaba, el mar cantaba