POV ÁNGELA.
El avión llegó a la pista privada justo cuando el sol empezaba a sangrar en el horizonte, tiñendo el cielo de un rojo que me recordó demasiadas puestas de sol sobre charcos de sangre. Los motores aún rugían cuando ya estaba en la puerta, el corazón latiéndome en la garganta como un tambor de guerra. Había pasado la noche en vela, caminando de un lado a otro del centro de mando, Venus llorando en silencio frente a las pantallas apagadas, yo con las manos sobre el vientre, susurrándol