Elizabeth se conmovió mucho con la escena y Max que se había ubicado a una distancia prudencial sonrió satisfecho al ver lo sensible que se había puesto su jefe ante la presencia de esa pequeña.
–Papá, siempre quise conocerte. ¿Me permites abrazarte?
–Me haría muy feliz un abrazo tuyo muñeca –le respondió sonriendo.
Orlena rodeó su cuello y se fundieron en un tierno abrazo, bajo la atenta mirada de Elizabeth quien en ese momento lamentó haber privado a su hija del c