Dalila se giró y lo fulminó con la mirada al darse cuenta de que no podía abrir la puerta. —Ábrela, quiero bajar—.
Albert Kholl sonrió. —Bésame y te dejaré ir—.
Ella se estaba frustrando. —No voy a...—
Antes de que ella terminara de hablar, él la abrazó.
—Mm...— Albert Kholl le dio un largo beso y luego le pellizcó la mejilla.
Se sintió tan bien sostenerla en sus brazos.
Él sólo quería burlarse de ella, pero pronto perdió el control.
Los suaves picos se fueron haciendo cada vez más apasionados