La mansión Kholl, con sus muros de piedra antigua y sus ventanales que capturaban la luz del atardecer, parecía contener el aliento esa tarde de otoño. El sol se deslizaba lentamente hacia el horizonte, bañando el estudio de Dalila Weber en tonos ámbar que hacían brillar las motas de polvo suspendidas en el aire. Dalila estaba de pie junto al escritorio, sus dedos acariciando una carta con el sello de una prestigiosa productora cinematográfica. La oferta era clara: el papel de tercera protagoni