TODO ERA TEMPORAL

Los pasillos del Sanatorio Central seguían quietos, como si el tiempo mismo hubiese comprendido que debía detenerse para no romper aún más el frágil equilibrio emocional de Leah. La presencia de Henry, la tensión latente entre él y Kevin, y la sombra de la muerte que aún flotaba sobre ellos creaban un ambiente suspendido, inquietante.

Leah respiró hondo, aunque su pecho ardía.

Sus ojos celestes estaban vacíos, sin brillo, pero su columna se mantuvo recta, sostenida solo por la fuerza que el dolor a veces es capaz de construir.

Se volvió hacia Henry con una calma que no era paz, sino agotamiento.

Un cansancio que pesaba más que su propio cuerpo.

—Henry… —su voz salió suave, pero firme—. Agradezco que hayas venido. Agradezco tus intenciones, de verdad… pero necesito pedirte algo.

Henry bajó la mirada hacia ella, atento, herido desde antes.

Leah continuó:

—Necesito que respetes el lugar en donde estamos. Esto no es… no es un espacio para hablar de sentimientos ni sostén emociona
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