—Kevin, no es necesario que hagas esto, la entiendo…
—Leah, ven aquí —interrumpió él con rudeza.
La voz grave de Kevin cortó las palabras de Verónica, que frunció los labios, ofendida por haber sido ignorada.
—Leah, no me hagas repetirlo. Ven aquí.
—¿Qué quieres? No quiero ser un mal tercio entre los reyes.
—¿Te he dado permiso para hablar? —El tono de Kevin se volvió más tenso; su paciencia estaba a punto de agotarse, y Leah no ayudaba en lo absoluto.
—No, pero somos libres de expresar lo que