Al abrir la puerta de la habitación, Kevin se detuvo un segundo, conteniendo el aliento. Allí estaba ella. Cada paso lo acercaba más a su refugio de amor, y cada paso aumentaba el nudo en su garganta. Al verla tan vulnerable, con menos peso del que recordaba y la piel más pálida, una ola de emociones lo inundó. El miedo, la culpa, el alivio y un amor profundo y absoluto se mezclaron en su pecho.
Kevin no pudo sostenerse más. Sus ojos azules, normalmente implacables y llenos de determinación,