Leah fue despertando poco a poco, la oscuridad fue lo primero que percibió. No era una oscuridad total, sino una penumbra espesa, densa, como si la noche se hubiera instalado dentro de la habitación. Leah abrió los ojos lentamente, con cautela, como si temiera que el simple acto de despertar pudiera romper algo más dentro de ella. Todo le dolía. No un dolor punzante, sino uno profundo, cansado, que se alojaba en su cuerpo como un eco de lo que había pasado. Su respiración era lenta, medida. Cad