Los vehículos negros avanzaron en formación perfecta, imponentes, precisos. No había dudas: el equipo de Seguridad de los Presley había llegado.
Leah dio un paso atrás, instintivamente.
Henry, que estaba a su lado, giró el rostro hacia ella. Sus ojos se suavizaron apenas un segundo, como si quisiera memorizarla.
—Vinieron rápido —dijo él.
Leah asintió, con la garganta cerrada.
—Sí… —respondió ella.
Los vehículos se detuvieron. Puertas abiertas al mismo tiempo. Hombres armados descendieron