El avión privado aterrizó en Brasil poco antes del anochecer.
Carlos Beira descendió primero, ajustándose los gemelos con la misma serenidad con la que acostumbraba cerrar acuerdos millonarios. Dulce bajó detrás de él, más lenta. El hombre se había percatado de que Dulce se veía diferente, lo sentía más allá de verlo, también percibe que algo estaba mal con ella.
—¿Te ocurre algo? —preguntó Carlos sin mirarla directamente.
—Nada —respondió ella de inmediato.
—Estás pálida.
—El viaje fue la