Leah la sostenía contra su pecho con una naturalidad que aún le sorprendía a ella misma. Sus dedos acariciaban con suavidad el cabello oscuro de la pequeña, mientras su respiración se acompasaba al ritmo lento y tranquilo del bebé.
La habitación estaba en penumbra. Cortinas gruesas. Luz cálida.
Silencio interrumpido solo por el sonido suave de la succión. Kevin permanecía de pie junto al ventanal, mirando el jardín sin realmente verlo.
Tenía el teléfono en la mano.
Arturo estaba apoyado contra