Vladislav
El amanecer se filtraba por las cortinas de mi habitación cuando abrí los ojos. Luna dormía a mi lado, su respiración tranquila, su cabello negro desparramado sobre la almohada como tinta derramada. Observé cómo su pecho subía y bajaba con cada respiración, un recordatorio constante de que, a pesar de la sangre inmortal que ahora corría por sus venas, seguía conservando esa humanidad que tanto me fascinaba.
Pasé mis dedos por su mejilla, apenas rozándola. ¿Cuándo había sucedido esto?