Luna
La noche había caído sobre la mansión como un manto de terciopelo negro. Me encontraba en nuestra habitación, hojeando un antiguo libro de poesía rusa que había encontrado en la biblioteca. Vladislav me había enseñado algunas palabras en su idioma natal, y aunque mi pronunciación era terrible, me gustaba intentarlo.
El reloj marcó las tres de la madrugada cuando decidí buscar a Vladislav. No había venido a la cama, y aunque esto no era inusual —los vampiros antiguos apenas dormían—, sentía