La mente de Carlotta pensaba frenética, sus ojos rojos solo miraban a los de Stefano, que se había abalanzado para acortar la distancia entre ambos.
Negaba frenética con la cabeza.
Llevaba explosivos debajo de la ropa y estaba segura de que solo la dejarían acercarse lo suficiente para activarlos a distancia y volarlos en pedazos.
Ella causaría la muerte de su amor, quizás de ambos, las lágrimas bajaban por su sucio rostro y sus sollozos aumentaban amortiguados por la tela negra.
Era como si el