— Espera Fabio – Stefano tuvo que agarrar la mano de su hermano que dio un paso al frente.
Ambos con el alma en un hilo al ver las condiciones de Carlotta.
— Ninguno puede salir vivo, Stefano, ¡nadie! – le dijo entre dientes y se metió dentro de su caparazón de fría indiferencia, ese, que le ayudaba a hacerle frente a todas las difíciles negociaciones en su vida.
— Ya veo que no tuviste paciencia para esperar por las indicaciones – la voz de Marino salió burlona al bajarse del auto y pararse fr