— ¿Sabes muy bien que eso es una trampa?, ¿cierto?
Fabio le dijo a su hermano, levantándose del asiento y volviendo a pasearse como un tigre enjaulado por el despacho.
— Lo sé – Stefano suspiró desesperado.
Beatrice les había dicho sus condiciones, como sospecharon, incluía ceder conexiones de sus negocios turbios, además de sacar a su hija de prisión.
Los estaba citando a un almacén alejado y ellos tenían bien claro que si eran tan idiotas como para ir de mansos, no solo Carlotta, si no tod