Miró a lo lejos unas viejas rejas que daban acceso a los almacenes del puerto abandonado.
Pero como chica inteligente, se internó en el bosque circundante, porque se temía que la entrada estaría vigilada.
— Vamos, debe de haber una manera.
Caminaba a lo largo de la cerca perimetral, oxidada y vieja, algún agujero debería haber para ella colarse y si no, tendría que trepar.
— ¡Bingo!
Exclamó bajo cuando encontró que se levantaba de la tierra por un lado, y llenándose la mano de óxido, la subió