Al otro día del cumpleaños amanecieron los tres amontonados en la diminuta cama del cuarto estudiantil de Carlotta.
Era fin de semana y su compañera se había ido a la casa de sus padres fuera de la ciudad.
El edificio de alojamiento estaba casi vacío.
Carlotta abrió los ojos medio confundida, se sentía presionada por todos lados y su cuerpo agotado y adolorido.
Obvio que continuaron con los regalos después de la feria y de algún lado salió la loca idea de colarse en su dormitorio.
Estos hombres