Descubrió que lo que sentía por Valentina no era genuino, no se parecía en nada a esto, solo era una enfermiza obsesión, el capricho de un niño mimado.
Carlotta solo observaba la invitación.
Stefano levantó su mano poco a poco, para acariciar su pálida mejilla, pero de un momento a otro…
Ras, ras, ras
Carlotta rasgó la invitación justo en su cara.
— Creo que te equivocaste de nombre, hubieses puesto Valentina o quien te diera la gana. Una cualquiera como yo no tiene derecho a llevar tu preciado