Mientras las llamas de la chimenea proyectaban sombras titilantes sobre las ennegrecidas paredes de piedra de la mansión, dejé la taza de café sobre la mesa y me incliné hacia delante para poder ver mejor el mapa.
—El puerto de Estambul, Damien —dije, deslizando mi dedo por la costa arcillosa del mar Negro marcada en el mapa—. Ese hombre al que llaman Cuervo Negro no solo está traficando con armas desde ese almacén. Si esos liquidadores pudieron producir ese gas sintético con tanta facilidad, s