—¡Luna, el pulso del paciente no baja, el tejido corporal se está rechazando a sí mismo!
—¡Apártate de ahí, Clara! ¡Pásame esa gasa, ahora mismo!
En la clínica subterránea más segura del Norte, estaba al frente de la mesa de operaciones con las manos manchadas de sangre hasta los codos. El guardia que yacía en la mesa era la víctima de uno de esos últimos asesinos genéticamente alterados que Valerius había enviado a la frontera. La herida no se parecía a ningún corte de cuchillo conocido; la ca