Con los primeros rayos de luz de la mañana filtrándose por las ventanas del edificio del consejo, la estructura más antigua y fortificada del Norte estaba sumida en un profundo silencio. Pero no era un silencio pacífico; era esa quietud espeluznante justo antes de la tormenta.
En el despacho de la mansión, sentada frente a uno de los monitores, observaba el colapso del sistema. Todo el archivo digital del consejo, todas esas conexiones sucias, los rastros del dinero que fluía hacia Valerius...