-Te enfrentarás a tus enemigos. Necesitas ponerte tu armadura.
Esa fue la única frase que Damien pronunció mientras me sacaba de la cama con las primeras luces del alba para arrastrarme a esa lujosa boutique donde compran las élites de la manada. Me entregó un montón de tela de seda verde para que me vistiera y se quedó plantado junto a la puerta. Llevaba casi una hora peleándome con aquel maldito vestido dentro de un probador asfixiante.
—¡Joder... el diseñador de este vestido no tiene ni puta