Mundo ficciónIniciar sesiónPatricia se vio ante la urgente necesidad de obtener dinero para salvar la vida de su hijo, por eso accedió a hacer algo tan absurdo como peligroso, se casaría con el hijo de una familia adinerada a quien todos consideraban un bueno para nada, haciéndose pasar por otra mujer. Su futuro esposo también ocultaba su identidad como jefe de una gran banda del bajo mundo. El matrimonio era una mentira, ella no era quien decía ser y él tenía una doble vida. ¿Qué podría salir mal?
Leer másSABINA SARTORI
—Sabina… —murmuró Romeo mientras nos escondíamos detrás de la barra de la cocina. Las balas caían como una lluvia sin misericordia, pero mi corazón latía con calma, a su lado siempre me sentía tranquila—. Tengo que ir por Aurora, tengo que salvarla.
—¡¿Cómo…?!
Aurora era mi hermana.
Estaba escondida en el cuarto de seguridad. Era la única que tenía buen pronóstico de salir viva de esto y… ¿Romeo quería ir a salvarla?
Pasé del escepticismo a la indignación.
—Pero… —murmuré entornando los ojos—. Vienen por mí, no por ella, y aun así dejé que se escondiera en el lugar más seguro de la casa. ¡Ni una bomba atómica podría abrir ese cuarto!
—Déjame ir. Déjame protegerla. Prometo regresar de inmediato y sacar a ambas de aquí. —Tomó mi mano y sus ojos irradiaban confianza—. Sabina, si salimos vivos de esto, seguiremos con los planes de la boda y seré el esposo más fiel y devoto del jodido mundo.
¡A ver! Si quería casarse conmigo, eso era parte de sus obligaciones como mi marido, ¿no?
¡Estúpido!
¡Ese es tu trabajo!
—Pero si muero, si la vida me da la oportunidad de renacer… de volver sobre mis pasos, prométeme que esta vez me dejarás ser feliz con ella —suplicó como si lo que me pedía fuera honorable y no me estuviera rompiendo el corazón, aunque en realidad la sensación se concentraba en mi estómago.
Pensé que esa clase de desilusiones se sentirían más como un infarto y no como indigestión.
—Ella es a quien siempre he amado… —Bajó el rostro apenado y cerró los ojos con fuerza, como si admitirlo doliera—. Lo siento Sabina. Siempre ha sido así. Tenías que saberlo.
Retiré mi mano de la suya y suspiré profundamente, desviando la mirada de él.
—Anda, ve por ella —dije con calma, mientras intentaba entender cómo me sentía. No era tristeza, no era dolor, era algo diferente… ¿indignación? ¿Frustración?
—Sabina… gracias. —Posó su mano en mi mejilla, pero me la sacudí con asco.
—Sí, como sea… —murmuré con un suspiro. Mi desaire no evitó que saliera corriendo en busca de Aurora, dejándome sola y rodeada de enemigos.
Qué horrible era darse cuenta de que siempre fuiste la segunda opción.
Los disparos cesaron y escuché pasos acercándose.
¡Claro!
Yo era la princesita. La pobre dama en apuros que se había quedado sin su caballero de brillante armadura, y ellos lo sabían.
El cañón de un M16 se apoyó en mi sien, empujando suavemente mi cabeza.
—Levántate… —siseó el hombre con el rostro cubierto y traje táctico negro.
Alcé ambas manos y me puse de pie.
—Buenas tardes, caballero —saludé con media sonrisa mientras veía al resto de sus hombres acomodarse a su lado—. ¿Trabajando duro o durando en el trabajo?
Solté una carcajada que nadie más compartió. Supuse que no tenían sentido del humor.
—Vendrás con nosotros por las buenas o por las malas —sentenció el hombre tomándome del brazo.
—No lo sé, en este punto no me molestaría una bala en la cabeza —contesté encogiéndome de hombros.
—¡Sabina! —escuché a mi hermana gritar mi nombre y solo pude torcer los ojos con fastidio.
—¿Qué quieres? ¿No ves que estoy haciendo nuevos amigos? —pregunté indignada cuando volteé hacia ella.
La escena era enternecedora. Aurora estaba escondida detrás de Romeo, aferrada a su brazo, fingiendo horror cuando en el fondo podía apostar a que disfrutaba la situación.
—¡Suéltenla! —gritó Romeo levantando su arma hacia ellos, como si tuviera oportunidad con su pistola .22 frente a un grupo de M16—. Sabina… no tengas miedo, te salvaré.
—Ridículo —resoplé y negué con la cabeza mientras recargaba la espalda en el pecho de mi captor. Todos se desconcertaron por mi comportamiento, pero esa era yo, la real, no la que fingía ser lo que no era para ganarse el amor de un hombre que nunca la iba a respetar—. La mansión donde vives, el auto que conduces, los hombres que diriges…
—¿Qué haces? —preguntó Romeo confundido, sin dejar de apuntar.
—Enlisto todo lo que te he regalado… —contesté con un suspiro—. Cada paso que has dado, cada escalón que has subido es gracias a mí, pedazo de m****a ingrato.
Frunció el ceño de manera adorable y negó con la cabeza.
—Mientes… estás diciendo esto para lastimarme. ¿Es porque escogí ir por Aurora? Te prometí que…
—Yo no tuve que prometer nada en voz alta… yo simplemente actué. Te di todo. Te apoyé y tú, como la rata asquerosa que eres, me despreciaste, elegiste a mi hermana en vez de a mí —mi voz salió fría y sin sentimientos, aunque por dentro me quemaba las entrañas—. Ella no te dio nada salvo problemas y, aun así, la escogiste.
No me pasó desapercibida la sonrisa afilada de Aurora.
¡Estaba orgullosa la maldita!
—Ella me necesita —sentenció Romeo molesto, bajando un poco el cañón—. Sabes que está enferma.
—¡Pero de la cabeza! Te usó como su juguete… y tú, ¡encantado con volverte su perrito faldero! —exclamé divertida y negué con la cabeza—. Yo nunca te necesité y te lo voy a demostrar.
Patricia soportó otra contracción y siguió distrayéndose con la conversación. –Ese día perdí la entrevista de trabajo, pero no quise volver por si te encontraba allí de nuevo, esos días fueron muy difíciles para mí. Lástima que mis ojos no me salvaron de otra entrevista que perdí creo que fue justo el día antes de chocar contigo, había llovido, estaba en la calle y un automóvil rojo pasó a toda velocidad, me empapó de pies a cabeza y arruinó mi ropa.Se hizo un gran silencio en el interior del vehículo, David y Héctor se miraron, pero Patricia los pilló. –¿Qué pasa? –Jefe &nd
Patricia se acostó en la camilla, soportó el frío del gel y cuando el médico comenzó con el examen ella no se atrevía ni a respirar, tampoco miraba la pantalla, tenía sus ojos fijos en el rostro del doctor, para confirmar que no hacía ningún gesto de preocupación. –Aquí está…, un embrión diminuto de unas cuatro a cinco semanas, ¿tuvo síntomas? –No doctor, solo que soy muy exacta en mis fechas y tengo ya ocho días de atraso, presentí que podía estar embarazada porque nos hemos descuidado algunas veces. –Pues fue un buen presentimiento. –Va
Cuando Damián cayó al piso luego de recibir el disparo de William, entraron un par de escoltas con las armas listas, Silvestre Reyes estaba desmayado a su lado, rápidamente William solicitó una ambulancia para el abuelo de Enzo, por él, Damián podía desangrarse.Marco pedía que ayudaran a su hijo, entonces tomó un abrecartas y trató de agredir a su padre, mientras estaban subiéndolo a una camilla. –Tú eres el culpable de todo, si mi hijo muere tú te irás con él –gritó al momento de clavar el abrecartas en el pecho de Silvestre, William fue tomado por sorpresa y no tenía un tiro limpio, pero uno de los escoltas disparó hacia Marco impidiendo que la herida que le hizo a su padre fuera profunda.Cuando Enzo fue informado y le contó a Patricia, dispusieron interrumpir el viaje para regresar lo más pronto posible a la ciudad, fueron directamente al hospital donde se enteraron de que Silvestre Reyes había sobrevivido a un infarto, pero tanto Marco como su hijo Damián habían sucu
–Ya por Dios, está bien me casaré contigo –expresó Patricia cuando ya las luces del amanecer comenzaban a filtrarse tímidamente por la ventana. Enzo sonreía, con arrogancia y satisfacción, ya la conocía, sabía muy cómo doblegarla con sus caricias, dónde tocar, en cuál lugar de su piel profundizar para estremecerla, para que temblara de placer bajo su cuerpo. –Te lo advertí. –Arrogante, pretencioso, eres imposible. –Y así te convertirás en mi esposa, esta vez sí serás tú la que me dé el sí ante el juez. –Pero antes, me contarás algo, lo ofreciste. –Así es, ven, te limpiaré y luego me descubriré ante ti. –Ya sé que eres un mafioso, ¿qué más voy a descubrir? –Ser un CEO y mafioso es solo una parte, te juro que te contaré todo. –Está bien, confío en ti Enzo, de verdad lo hago. –Gracias hermosa, es algo que aprecio mucho.La limpieza en la ducha fue una prueba para ambos,
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