Nos pusimos en marcha, dejando atrás el lugar reducido a cenizas. La tensión entre nosotros era tan densa que el aire mismo parecía estar cargado de reproches y silencios pesados. Viggo se mantenía cerca de mí, sus ojos vigilándome de reojo cada tanto, mientras que Kieran no apartaba su mirada fija, como si tratara de encontrar en mí alguna grieta que confirmara sus sospechas.
Finalmente, el peso del silencio se volvió insoportable, y decidí romperlo.
—Si tienen algo que decirme o preguntarme, e