C87- CUARENTA Y OCHO HORAS
Hazem no había dormido más de tres horas.
No porque le pesara la conciencia, sino porque había pasado la madrugada revisando cada ángulo de lo que tenía entre las manos y asegurándose de que no hubiera ningún cabo suelto. Sobre el escritorio de cristal de su oficina privada descansaba el iPad con las grabaciones que él mismo había extraído del sistema de seguridad del hotel antes de que Zayd ordenara borrar todo. Su primo había actuado rápido para proteger el nombre de