C229- TE LLEVARÉ A CASA PRONTO, MI JEQUESA
Al escuchar ese apelativo, a Mariam se le aflojaron las piernas.
Se dejó caer de rodillas sobre el suelo del salón, hundiéndose en el llanto pero aferrando el teléfono como si fuera la vida misma. El sonido de su voz operó como un bálsamo salvaje; el dolor sordo de la distancia seguía ahí, pero escucharlo le devolvió el calor al cuerpo.
—Dime qué está pasando —musitó ella, apretando los párpados, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano izquierd