C187- ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE
—Relájate —dijo, y su mano cubrió la mía—. Sube.
Me levanté sobre mis rodillas, dejando que su mano guiara la cabeza de su polla hasta mi entrada, y sentí la presión.
—Baja despacio —susurró.
Me dejé caer.
El dolor no fue agudo, no fue como la primera vez. Esta vez era una presión, una sensación de llenura que me robó el aliento. Mis dedos se clavaron en sus hombros a medida que el pene entraba centímetro a centímetro, abriéndome, estirándome, y cuando por