C152-INVESTÍGALA
Al otro lado de la línea, en Washington, hubo un silencio.
Killian se incorporó en la cama de golpe. La sábana resbaló. A su lado, una mujer dormía boca abajo, desnuda, con el pelo regado sobre la almohada.
Killian tomó la bata de la silla.
—¿Baron? —Se ató el cinto mientras caminaba—. Dios, llevo días marcando números muertos.
Abrió la puerta de vidrio y salió al balcón. La ciudad se extendía abajo, gris bajo el sol de la mañana. Cerró la puerta tras él para no despertar a la m