David
Todavía no recibo respuesta de Ámbar, y eso me está volviendo loco. No puedo concentrarme en el trabajo ni siquiera en mantener una conversación coherente con Gustavo, que todavía no se irá porque ha venido a pasar el fin de semana con Ruth y su hijo.
—Ese niño es el mismo demonio —se queja—. Por más que intento que nos llevemos bien, simplemente me pone peros a todo y finge ser bueno delante de Ruth. Ser papá es difícil.
—Sí, lo es —murmuro, mirando hacia la ventana—. Pero es lo más marav