Ámbar
—¿Se puede saber a qué se debe esa sonrisa? —me pregunta Anastasia cuando entro en la casa—. La he visto muy emocionada toda la mañana.
Como supuse, la respuesta de Lucía, mi jefa, no tardó en llegar. Dio su visto bueno y se deshizo en halagos por mi increíble diseño. Solo hubo que hacer un pequeño ajuste en el broche y resolverle algunas dudas para que los artesanos pudieran hacerse cargo, pero eso no llevó más de diez minutos.
En conclusión, el trabajo quedó perfecto.
—Luego lo sabrás,