David
La emoción por volver a estar frente a mi esposa es inmensa, pero queda rezagada en un rincón de mi mente debido a la angustia que sentí al verla retorcerse de dolor y la urgencia con la que actuó el personal médico. Gracias a Irma, supe a tiempo que Ámbar ya no podría moverse de aquí y que estaba programada para una cesárea esta semana.
Por casualidades de la vida, tenía que ser justo hoy. No sé si agradecer o vomitar de preocupación, pero al menos pude llegar a tiempo.
—No tienes nad