Ámbar
Al despertarme, no me levanto de inmediato. Solo escucho los ruidos de Ana, que provienen de la cocina. Me duelen los ojos de haber llorado casi toda la noche, y el dolor de la culpa me consume. En el fondo, sé que esto es lo que toca, que tengo que ser fuerte por mi hijo, pero simplemente no me siento con fuerzas en este momento.
No creo que las tenga hasta que este sentimiento de culpa se desaparezca, no hasta que la expresión abatida de David se me logre olvidar. Sé que él me lastimó