La cena había transcurrido en un silencio mucho más civilizado de lo habitual. Martha, con su ojo experto, había notado que la atmósfera en la casa Calvelli estaba cargada, pero decidió no intervenir y dejar que el guiso de ternera hiciera su trabajo. Al terminar, Lucas y Gabriel se acomodaron en el sofá principal frente al televisor, mientras Isabella, agotada por la tensión del día y el aburrimiento de la suspensión, se sentó en el extremo junto a Lucas.
A medida que avanzaba la noche, el mur