Narrado por Gabriel Calvelli
Veinticuatro horas. Veinticuatro horas habían pasado desde el ingreso, y el hospital de Thalassa se sentía como un búnker bajo asedio. El doctor Arreaza acababa de salir de la sala de control, y su rostro, marcado por la ojeras profundas, me indicaba que las noticias no eran las que rezaba por escuchar.
—Gabriel, ven conmigo —dijo, su tono carente de esa falsa esperanza que tanto detestaba.
Nos alejamos de Emma y de Lucas, quienes esperaban apoyados contra la pared